Los coches eléctricos

Los automóviles pueden presentar tres configuraciones diferentes según cuáles sean sus ruedas motrices. Cuando las ruedas que impulsan al vehículo son las anteriores, el coche es tracción delantera, mientras que cuando son las posteriores, es tracción trasera. Si las cuatro ruedas son motrices, estaríamos hablando de un coche con tracción total o integral (4×4).

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La mayoría de los coches son tracción delantera, mientras que la segunda configuración más usual es la tracción trasera. La tracción total está reservada en general a vehículos con ciertas aptitudes camperas, de gran potencia, deportivos, de lujo… aunque también se pueden encontrar coches normales dotados de tracción integral, como es el caso de los Subaru Impreza o SEAT Leon 4Drive.

La tracción delantera fue una configuración mecánica popularizada por el mítico Citroën Traction Avant (conocido en España como Citroën “Pato” u 11 Ligero), un vanguardista modelo de 1934 que llevó a la producción en gran serie este avance que ya había sido visto con anterioridad en modelos como el Tracta de 1927. Otro gran hito de la tracción delantera fue la aparición del Mini en 1959, que pasó a montar el motor en posición transversal para ahorrar espacio respecto a uno longitudinal.

La tracción delantera ha sido adoptada de forma masiva por la mayoría de fabricantes gracias entre otras cosas a su mayor sencillez y menor coste. La tracción trasera, asociada a día de hoy a coches de planteamiento deportivo como los BMW, cuenta con varias desventajas. Por ejemplo, en coches con motor delantero, implica la existencia de un árbol de transmisión que atraviesa todo el coche y resta mucho espacio interior, mientras que en los vehículos con motor trasero (“todo atrás”, como el SEAT 600 o el Volkswagen Beetle clásico), había demasiado peso en la parte trasera, lo que dificultaba el control de la dirección. Sin embargo, es perfecta para los motores centrales (configuración de superdeportivos como el Ferrari 488 GTB).

Con motores de combustión, la tracción delantera destaca por su sencillez, bajo coste y mayor espacio interior, mientras que la tracción trasera lo hace por su mayor dinamismo y aceleración consecuencia de la relación de fuerzas y la distribución de las masas del vehículo. Además, la ausencia de palieres en las ruedas delanteras permite mejorar la maniobrabilidad, pues giran más grados. Sin embargo, ¿qué ocurre con los coches eléctricos?

Los motores eléctricos apenas ocupan espacio y son muy ligeros, al contrario que los de combustión. Por lo tanto, si se quiere tener un coche de tracción trasera, se puede colocar el motor bajo el piso del maletero, sin robar espacio al habitáculo. Respecto a un coche de combustión de motor delantero y tracción trasera, nos ahorraremos el espacio en el vano delantero destinado a un motor longitudinal, así como el voluminoso árbol de transmisión.

En el caso de los coches de tracción delantera, podremos hacer el morro del coche más corto, así como aprovechar el espacio disponible para crear un segundo maletero, pues el motor eléctrico es muy pequeño comparado con uno de combustión.

Precisamente, esta facilidad para instalar motores eléctricos sin que roben espacio es la que permite a marcas como Tesla o Jaguar conseguir de forma sencilla y asequible modelos con tracción total, simplemente utilizando un motor en cada eje. Sin embargo, el uso de dos motores seguirá sin estar estandarizado entre los coches eléctricos más asequibles, que serán tracción delantera o total.

El futuro Renault ZOE será un compacto con motor y tracción delanteras, mientras que el Volkswagen I.D. apostará por motor y tracción traseros. Ambos modelos llegarán al mercado a finales del año 2019. ¿Qué opción será mejor?

Su configuración “todo atrás” permitirá al Volkswagen adelantar todo el habitáculo, ganando espacio a la sección frontal del coche. A nivel dinámico, tendrá reacciones más deportivas, una aceleración más contundente por cuestiones de motricidad, y será más maniobrable en ciudad. El Renault será más sencillo de conducir, y si bien no se podrá ganar tanto espacio a la sección delantera, también será más espacioso que un coche de combustión gracias al pequeño tamaño del motor eléctrico.

Podemos concluir que ambas opciones serán igual de válidas dependiendo de lo que busque cada usuario. La tracción delantera nos brindará un comportamiento tranquilo y sencillo, y la trasera uno más dinámico y ágil, siendo ambas opciones igual de buenas a nivel de espacio interior gracias al pequeño tamaño de los motores eléctricos.